Afrontar el miedo al movimiento tras una ostomía
Recibir una colostomía o ileostomía supone un gran cambio físico y emocional.
No solo cambia la forma en que el cuerpo funciona, sino también cómo nos relacionamos con él.
El miedo más común tras la cirugía es pensar:
“¿Y si al moverme se daña la zona o se sale la bolsa?”
Esa preocupación es natural. Pero la evidencia científica y la experiencia clínica demuestran que el ejercicio físico adaptado es una de las mejores herramientas para recuperar la fuerza, la movilidad y la confianza tras una ostomía.
El movimiento bien guiado protege la pared abdominal, previene complicaciones como las hernias y mejora la calidad de vida.
Beneficios del ejercicio tras una ostomía
Estudios recientes (Journal of Stoma Care, 2023) confirman que las personas ostomizadas que realizan programas de ejercicio adaptado presentan:
- Menor incidencia de hernia parastomal.
- Mejor fuerza del core y control postural.
- Reducción del estreñimiento y mejora del tránsito intestinal.
- Mayor autoestima y bienestar psicológico.
El ejercicio no es solo movimiento: es reeducación corporal, un modo de recuperar el control del cuerpo con seguridad.
Precauciones generales antes de empezar
Antes de iniciar cualquier plan de entrenamiento:
- Espera la autorización médica o del cirujano, normalmente entre 6 y 8 semanas post cirugía.
- Revisa que la herida esté completamente cicatrizada y sin signos de infección.
- Utiliza una faja o cinturón de soporte durante los primeros meses, especialmente para ejercicios de pie o que impliquen esfuerzo abdominal.
- Evita ejercicios de alta presión intraabdominal hasta que un profesional los autorice.
👉 El objetivo inicial no es “entrenar duro”, sino reconectar con la zona abdominal y recuperar el control del movimiento.
Fase 1: conexión y activación del core profundo
En esta primera etapa buscamos activar el transverso abdominal y los músculos respiratorios, que son la base de un abdomen estable.
Respiración diafragmática con activación suave
- Tumbado boca arriba, coloca las manos sobre el abdomen.
- Inhala por la nariz, llevando el aire hacia el abdomen.
- Exhala lentamente mientras contraes el abdomen hacia dentro, como si quisieras “cerrar la cremallera” del ombligo.
- 10 repeticiones, 2 veces al día.
Activación del transverso con control
- En la misma posición, imagina que quieres acercar el ombligo a la columna sin mover el tronco.
- Mantén 5 segundos y relaja.
- 10 repeticiones, 2 series.
Ejercicio de movilidad pélvica
- Tumbado, realiza suaves basculaciones de pelvis (pequeños movimientos de anteversión y retroversión).
- Mejora la movilidad lumbopélvica y la circulación.
Fase 2: fortalecimiento funcional del abdomen y tronco
Una vez que la base está estable, puedes progresar a ejercicios más activos que fortalezcan el core sin riesgo de aumentar la presión abdominal.
Ejercicios recomendados
- Puente de glúteos bajo: eleva la pelvis ligeramente del suelo sin forzar la zona del estoma.
- Bird dog (modificado): en cuadrupedia, extiende una pierna manteniendo el abdomen firme.
- Marcha en el sitio con activación abdominal: sentado o de pie, eleva rodillas suavemente manteniendo el control del core.
💡 Consejo: realiza los ejercicios con respiración controlada. Nunca contengas el aire, ya que eso aumenta la presión interna y puede comprometer el estoma.
Fase 3: entrenamiento de fuerza y vida activa
Tras la fase de readaptación, el siguiente paso es volver al entrenamiento de fuerza global y la vida activa.
El trabajo con el tren inferior, superior y cardiovascular es esencial para mantener la salud a largo plazo.
Recomendaciones:
- Fuerza con bandas elásticas o máquinas guiadas.
- Ejercicio aeróbico de bajo impacto: caminar, bicicleta estática, natación (con bolsa estanca).
- Evita levantar cargas bruscas o hacer abdominales clásicos (crunch, planchas intensas).
Aumenta la intensidad de forma progresiva, escuchando tu cuerpo y sin dolor ni tirantez en la zona del estoma.
Cuidado de la bolsa durante el ejercicio
- Vacía la bolsa antes de entrenar para evitar peso adicional.
- Usa ropa cómoda y transpirable.
- Si realizas ejercicios de suelo, protege el estoma con una toalla o cojín blando.
- Si la bolsa se despega con el sudor, utiliza adhesivos reforzados o cinturones de ostomía deportivos.
👉 Importante: los pacientes que entrenan con regularidad se adaptan mejor al manejo de la bolsa y reportan menos incidentes en la vida diaria.
Conclusión
Tener una ostomía no significa dejar de moverse.
Significa aprender a moverse con conciencia, con seguridad y con respeto hacia tu nuevo cuerpo.
El ejercicio físico adaptado es una herramienta poderosa para fortalecer el abdomen, reducir el riesgo de hernias y recuperar la confianza.
El cuerpo cambia, sí. Pero sigue siendo capaz, fuerte y lleno de vida.
Y cada movimiento es una forma de recordarlo.


