Suelo pélvico y cáncer de próstata: ejercicios para la continencia urinaria y la función sexual

¿Por qué se afecta el suelo pélvico tras cirugía o radioterapia?

La cirugía de próstata (prostatectomía) o los tratamientos con radioterapia pueden dejar secuelas que van más allá del aspecto médico.

Muchos hombres experimentan pérdidas de orina, sensación de urgencia miccional o dificultades en la función eréctil. Esto ocurre porque los músculos y nervios del suelo pélvico, responsables de sostener la vejiga y controlar la micción, se ven afectados durante el tratamiento.

Mecanismos de incontinencia y disfunción eréctil

El esfínter urinario externo y los músculos del suelo pélvico trabajan como una válvula.

Tras la cirugía, esa “válvula” pierde tono y coordinación, lo que provoca escapes al toser, reír o realizar esfuerzos.

A nivel sexual, la pérdida de fuerza y control del suelo pélvico también puede disminuir la capacidad eréctil y el control durante las relaciones.

Señales de alerta y evaluación inicial

  • Goteo urinario al realizar esfuerzo.
  • Necesidad urgente de orinar varias veces al día.
  • Dificultad para mantener una erección.
  • Sensación de debilidad o desconexión en la zona pélvica.

Reconocer estos síntomas es el primer paso para abordarlos desde el movimiento y la rehabilitación específica.

Programa de ejercicios del suelo pélvico

La buena noticia es que el ejercicio físico es una herramienta de primera línea en la recuperación del control urinario y la función sexual tras el cáncer de próstata.

Los estudios muestran que los ejercicios del suelo pélvico (tipo Kegel), combinados con entrenamiento global de fuerza, pueden mejorar la continencia en un 60–80 % de los casos en los primeros seis meses.

Activación correcta: respiración y conciencia

Antes de empezar, es clave sentir y activar correctamente el suelo pélvico.

Una forma sencilla de hacerlo es imaginar que se interrumpe el flujo de orina o se evita la salida de gases, notando una ligera contracción interna.

👉 Importante: no contraer glúteos, abdomen o piernas. La fuerza debe venir desde dentro, en sincronía con la respiración diafragmática.

Progresión: de lo estático a lo funcional

  1. Etapa 1: tumbado o sentado
    • Contrae el suelo pélvico 5 segundos y relaja 10.
    • Repite 10 veces, 2–3 veces al día.
  2. Etapa 2: de pie y con movimiento
    • Contrae al toser o al levantar peso (pre-activación).
    • Añade equilibrio y control postural.
  3. Etapa 3: funcional y deportiva
    • Integra la activación en ejercicios de fuerza, core y actividades diarias.

Integración con fuerza global (core y cadera)

Los músculos del suelo pélvico trabajan en conjunto con el transverso abdominal, los glúteos y los aductores.

Fortalecer esta sinergia mejora la estabilidad de la pelvis y la función eréctil.

Ejemplos útiles:

  • Puente de glúteos con respiración controlada.
  • Sentadilla isométrica con ligera activación del suelo pélvico.
  • Plancha frontal (solo si no genera presión abdominal excesiva).

Hábitos que potencian los resultados

Manejo de líquidos y micciones programadas

No se trata de beber menos, sino de aprender a distribuir el consumo de agua a lo largo del día.

Evita bebidas con cafeína o alcohol antes de dormir, y practica la micción consciente (sin hacer fuerza excesiva ni “aguantar” de más).

Postura, respiración y presiones intraabdominales

Una postura erguida y una respiración diafragmática profunda ayudan a mantener la presión abdominal equilibrada, protegiendo la musculatura pélvica.

Evita ejercicios que provoquen el “empuje” hacia abajo del abdomen (como abdominales clásicos o levantar peso sin control respiratorio).

Retorno a la actividad física y deporte

Criterios de progresión

Puedes retomar el entrenamiento global cuando:

  • No hay escapes de orina durante el esfuerzo.
  • Puedes mantener la contracción del suelo pélvico 10 segundos sin fatiga.
  • Has recuperado buena coordinación entre respiración y contracción.

Deportes compatibles

Caminar, Pilates, ciclismo con sillín anatómico o fuerza moderada son excelentes aliados.

El objetivo no es evitar el movimiento, sino volver a la actividad con control, confianza y seguridad.

Conclusión

Recuperar el control del suelo pélvico tras un cáncer de próstata no es cuestión de suerte, sino de entrenamiento.

El ejercicio dirigido, la constancia y la supervisión profesional pueden marcar la diferencia entre convivir con la incontinencia o recuperar tu calidad de vida y tu autoestima.

Cada contracción cuenta, y cada día de práctica te acerca un paso más a tu recuperación total.

Otros artículos

del blog